La no-dualidad es descubrir que la separación entre tú y el resto de la vida no existe en la realidad — solo en tu mente.

«No ves la montaña, eres la montaña. No oyes a un pájaro, eres el canto del pájaro.»

— Michael Taft

La no-dualidad no es una religión ni una filosofía concreta: es una intuición de fondo que aparece, de forma independiente, en prácticamente todas las grandes tradiciones contemplativas de la humanidad.

Los místicos cristianos la vivieron (Eckhart pedía a Dios «que me libre de Dios» para acceder a lo que hay más allá de todo concepto), los sufíes la cantaron (Nurbakhsh: «la ola, el océano y la espuma, los tres son uno y lo mismo»), el zen la señaló (Huineng: la iluminación «es un descubrimiento de lo que siempre ha estado ahí»), el vedanta hindú la sistematizó (tat tvam asi — «eso eres tú»), el taoísmo la formuló sin palabras («el Tao que puede ser expresado no es el Tao eterno»), la Cábala judía llamó a lo Absoluto «Nada» porque trasciende todo lo pensable, y el Hermetismo occidental escribió que «el TODO es espíritu, una mente infinita y viviente».

Que culturas que no se conocieron entre sí llegaran al mismo sitio no demuestra nada en términos científicos, pero sí dice algo sobre la experiencia humana: cuando alguien mira lo suficientemente hondo — da igual desde dónde —, encuentra lo mismo.